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La lluvia no miente

Las lluvias en la costa norte peruana no es algo nuevo, pasa desde los Incas. En el libro Las Injurias del Tiempo del historiador Lorenzo Huertas se documentan todas las catástrofes desde siglo XV hasta el siglo XX, y parece que hemos aprendido poco a pesar de contar con dispositivos inteligentes en nuestras manos. 

    En esta clase de eventos se afecta la transitabilidad, las comunicaciones, las viviendas, se agudiza la salud, merma la economía, golpea al comercio y frena la educación. Es decir, te afecta todo porque te resta funcionalidad de seguir viviendo en determinada zona con normalidad.

    Para lo cual tenemos 3 desafíos distintos:

  • Inundaciones por crecidas de río > Monitoreo, riesgo, control y protección de inundaciones
  • Activación de quebradas y huaycos > Disipación, encauzamiento, protección y limpieza. 
  • Inundaciones por lluvias > Sistema de drenaje pluvial urbano. 
    Y varias medidas no-estructurales que deben acompañar todo ello. ¿Pero el problema es técnico, político, social o institucional? ¿O es todo junto y no sabemos a quién echarle la culpa? 


    Considero que hay un problema conceptual-cultural en la planificación, priorizacion y diseño. En construcción, por lo general en el Perú, las empresas formales, en su mayoría, construyen dentro de los estándares. Sin embargo, dentro del problema están las construcciones informales, precarias en zonas de alto riesgo. Lo cual involucra otro tema mayor de ordenamiento territorial, uso del suelo, políticas de vivienda, empleo, gestión de riesgos y programas para combatir la pobreza en zonas marginales, entre otros. 

    Cuando me refiero a la planificación es que no hay instrumentos de planificación transparentes, multidisciplinarios, con credibilidad y horizonte en tiempo y costo. Es decir no hay una ruta, no hay visión a largo plazo, y si lo hubiera en alguna región, no se comunica y/o cumple adecuadamente. Prima la inmediatez y el cambio sobre la marcha con esfuerzos sectoriales inconexos. Queremos apagar incendios y que nos aplaudan, vivimos del día a día, o de emergencia en emergencia, siempre reactivos. Tenemos miedo empezar hablar de que vamos hacer a diez años, cuando hay gente con hambre que no llega al fin de semana. Por un lado, muchas empresas (sector ingeniería y construcción) están pensando como crecer cada trimestre por lo que van tras la demanda, mientras que el Estado está metido en un embrollo y enfrentamiento politico desde 2016. El divorcio de lo público y privado se evidencia en la falta de planificación estructurada y consensuada con gran parte de la población. Como diría Benjamín Franklin, "si fallamos en planificar, estamos planeando fallar". 

    Cuando me refiero priorizacion es que al fallar en planificación, no hay prevención, entonces se prioriza por presión política, por bulla, por popularidad, por lobby, por retorno económico, por nepotismo, por marketing, o por pretexto. Por eso tanta protesta, porque es el mecanismo de respuesta y única opción de poner un tema o necesidad en agenda. Entonces muchas veces se fuerza soluciones, materiales, productos, proyectos, y procesos. Es decir, el análisis es posterior a la decisión. Se justifica lo ya decidido en vez de decidir en base a estudios imparciales; y, penosamente, la gente vulnerable resulta ser la más afectada. Eso lo saben todos, pero pareciera que es mejor callarlo. Pues pocos nadan a contracorriente. 

    Cuando me refiero a diseño es que carecemos y no promovemos la investigación, usamos normas antiguas, la actualización es lenta, copiamos estándares de otros lugares sin adaptar a nuestra realidad. Pareciera que seguimos diseñando para no ir a la cárcel, en vez de diseñar para la eternidad sin caer en el sobredimensionamiento. Seguimos diseñando alcantarillas para agua, cuando sabemos que fluye más que solo agua en un país con problemas serios de recojo de basura. Seguimos recortando longitud de puente, arriesgando estribos, seguimos ajustando galibos, ahorrando centavos y sacrificando calidad. A todo ello, tenemos que elevar estándares, más aún con un escenario de cambio climático, donde más se habla que lo que realmente se hace. 

    Como muestra un botón, no se necesita un diluvio para ver la necesidad del drenaje pluvial, con lluvias estacionales cada año se ve su importancia. El drenaje pluvial urbano es una infraestructura troncal, es decir, como las avenidas, definen el crecimiento de un área y es fundamental para una ciudad. Por eso debe ser competencia municipal, nos guste o no. Es así en todas las ciudades del mundo donde funciona el drenaje. Las aguas de lluvia se deben intentar captar superficialmente y conducir de forma subterránea, con opciones de drenaje libre y por bombeo, apoyándose en infraestructura verde y parques. Esta debe ser una red, un sistema, no sólo en los lugares inundables dado que cada vez el suelo impermeable urbano se expande aumentando la escorrentía. Revertir todo esto toma tiempo y no es inmediato por la limitada información de toda las redes urbanas bajo tierra. Por temas constructivos, tecnológicos, problemas de suelo, entre otros sin mencionar lo social. Es como querer instalar desagüe a una edificación después de haberla construido sin planos. 

    La carencia de infraestructura de drenaje pluvial en nuestra costa es el resultado de lo anterior: la nula planificación, la defectuosa priorizacion y la limitada innovación en diseños. ¿Excepciones? Claro que las hay y muchas, pero el menú del día es la foto que nos retrata el diario de hoy, el periódico de ayer y los hechos de las injurias del tiempo. 

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