Existe otra característica que destacan en nuestras provincias, tenemos un
color que predomina, y aparece como la trama ladrillo. Si realizamos una vista
panorámica de nuestras ciudades veremos este otro patrón. Las caras externas de
cada lote urbano (no frontis) al elevarse sobresalen las paredes de ladrillo
sin acabado, con alguna ventana informal.
Por lo general, cada propietario busca sacar el máximo provecho a su área,
construyendo lo máximo posible. Si se puede ir hasta la vereda y con un
voladizo para ganar más área sobre la misma, mucho mejor.
El resultado es no solo la disparidad de altura de las edificaciones en una
cuadra, manzana o avenida, sino la estética que da las fachadas laterales no
acabadas, dado que están al límite del perímetro y no es ‘necesario’ realizar
mayor acabado.
El problema pasa también que al estar en un país sísmico la diferencia de
alturas, dado que ahora muchos edificios multifamiliares se elevan al costado
de casas de 2 pisos. El comportamiento no es el mismo y pueden generarse
algunos esfuerzos sino se realiza un aislamiento adecuado.
Pero no solo eso, más allá de ello, el concepto de ciudad se pierde. Se
tiene una amalgama de diversos tipos de superficie, altura, color y diseño
donde lo que más sobresale es un naranja grisáceo.
Lo ideal sería buscar la separación de los lotes, que las edificaciones no
puedan elevarse al límite de su predio, sino guardando una separación, de esta
forma buscar una expresión contorneada de paredes acabadas con edificaciones
completas en armonía. Al mismo tiempo zonificar exigiendo un rango de alturas
por zonas para uniformizar los bloques o manzanas residenciales, comerciales,
entre otros.
Ello pasa por cambiar normativas y fiscalizar las edificaciones de nuevas
construcciones, en futuras zonas residenciales y comerciales debería
preservarse un crecimiento armónico y no al libre deseo de cada propiedad,
dentro de todo un área organizada atraerá mayor movimiento y valor a una zona.

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